Inclusión laboral en discapacidad

En base a la reciente visita que realicé a un centro de atención para personas con discapacidad intelectual me he visto en la obligación de concienciar, o al menos informar de la situación en la que se encuentran estas personas y que suele ser desconocida por la mayor parte de la población. Este tipo de centros hacen una labor encomiable, que no suele ser valorada, ya que sin ellos, o al menos, sin la mayor parte de los y las profesionales que están formados en éste ámbito, estas personas no podrían tener acceso al mercado laboral. 
Tras una larga búsqueda de información acerca de este tema, las conclusiones a las que he llegado han sido la necesidad de tomar en consideración un modelo ecológico de discapacidad basado en la interacción del individuo con su contexto (Verdugo et al., 2009). En este sentido, el marco conceptual debe enfocarse hacia diferentes propuestas de carácter formativo y vitales, ligadas a un desarrollo más independiente, por ejemplo, en la inclusión laboral, aspectos de vivienda e inclusión social.  También es relevante considerar la Formación Profesional como una parte imprescindible dirigida a la independencia que pretendemos que tengan estas personas de cara a la vida adulta, siendo necesario amoldarla a las características e intereses de cada estudiante, con el fin de prestar un servicio individualizado. Respecto a esto, también decir que la formación recomendada sería de carácter general, abordando competencias tales como trabajar en equipo, responsabilizarse de los acontecimientos, mantener un ritmo de trabajo y obedecer órdenes, entre otros. 
Los mayores apoyos que puedan encontrar estas personas se encuentran en la conocida como Triada Educativa, formada por los progenitores, el cuerpo docente y la comunidad que les rodea, siendo todos ellos los encargados y encargadas de velar por el bienestar de estos y estas jóvenes y también de sus intereses y aspiraciones futuras.
A modo de crítica, recalcar que la mayoría de las problemáticas de estas personas se dan por un abordaje tardío, es decir, este tipo de medidas deberían de darse en la infancia y no llegada la adolescencia o adultez cuando se requiere una inmediatez en cuanto a la inclusión en todos los aspectos. También decir que se requiere una cooperación entre los diversos profesionales capacitados par a llevar a cabo estas propuestas, ya que sin el apoyo y orientación de los mismos, estas personas no podrán realizarlo solas casi con toda probabilidad.
Decir a su vez que desde las instituciones educativas los programas dirigidos para la protección de los niños aún se encuentran muy pobres, tanto en cuanto a contenido como en actuación.Es por ello que se necesita cumplir sin demora con los establecido por las leyes, ya que es evidente que de una u otra forma se está produciendo un incumplimiento de las mismas, y por tanto, también incumpliendo con lo necesario para ayudar al menor a tener el bienestar que merece. 




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